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Orgasmos de Piel – Las canciones que te erizan el vello

Orgasmos de Piel – Las canciones que te erizan el vello

Imagínate que estás en los servicios del trabajo. O bien en el súper. O bien en un bar de noche. O bien en un bar con los amigo. Y de súbito comienzas a sentir de qué manera tu corazón comienza a acelerarse, tu semblante se ruboriza, empiezas a sudar y experimentas cierta excitación sexual. No, si bien lo parezca no hablamos de los no demasiado frecuentes clímax espontáneos, sino más bien de algo considerablemente más frecuente: una sensación turbadora y excitante que nos embarga cuando escuchamos una de nuestras canciones preferidas.
Este fenómeno tan común a todas y cada una de las etnias humanas ha interesado a bastante gente, científicos o bien no, apasionados a la música o bien no, desde hace siglos. Una de ellas es Psyche Loui, sicóloga de la universidad de Wesleyan, pianista y violinista que ha publicado en Frontiers in Psychology una investigación sobre dicho tema, firmada al lado de su estudiante Luke Harrison. Este estudio, que ha sido popularizado por un artículo publicado en BBC, le da un nombre bastante original a dicha sensación: skin orgasms, esto es, orgasmo de piel… si bien los autores prefieren emplear el término frisson (escalofrío), un tanto más sutil.
Cuanto más angosta sea la conexión entre las zonas del cerebro destinadas a lo sensible, lo social y lo auditivo, más usual es esta sensación
“La experiencia estética puede ser tan intensa que no puedes evitarlo”, explica la estudiosa con respecto a este género de “orgasmos”. En su investigación, los participantes escucharon sus canciones preferidas mientras que eran sometidos a un escáner fMRI, de manera que han logrado comprender mejor el funcionamiento del cerebro cuando experimenta esta sensación y descubrir cuáles son las peculiaridades musicales que la provocan.
Las canciones que te erizan el vello
No toda la música causa exactamente las mismas sensaciones a exactamente las mismas personas, mas dicha experiencia no es plenamente subjetiva, sino hay ciertos condicionantes que la favorecen. Como especifican Louis y Harrison en su investigación, lo más esencial son las esperanzas que tenemos en el momento de percibir una armonía. Como bien sabe cualquiera que haya estudiado un tanto de teoría musical, la armonía y armonías occidentales se fundamentan en la resolución de las tensiones ocasionadas por la utilización de ciertas progresiones y combinaciones de notas. Las esperanzas truncadas, paradójicamente, producen esta sensación.
Si una canción es demasiado previsible, la ignoramos o bien la consideramos blanda. Si una canción es demasiado extraña (conforme nuestra costumbre y criterio), nos parecerá estruendos. Son exactamente las composiciones que traicionan tenuemente las esperanzas –algo que habitualmente se traduce en cambios armónicos radicales, en apoggiaturas (breves ornamentos discordes con la armonía del tema) o bien repentinas subidas de volumen– las que producen esta sensación. BBC ha efectuado una playlist con ciertas canciones que encajan en tal descripción, de Rachmaninoff a «Someone Like You», el enorme éxito de Adele, por si acaso el lector desea ponerse a prueba:

Cuando ocurre ciertas de estas cosas en un tema musical, el sistema inquieto excita una de sus zonas más primitivas, el tallo cerebral, que provoca todos estos reflejos automáticos. No solo eso, sino este proceso provoca la liberación de dopamina en el núcleo accumbens y el caudado; sí, exactamente la misma hormona que se pone en funcionamiento cuando hacemos el amor, consumismos drogas o bien sentimos furor religioso. Paradójicamente, conocer una canción no provoca que dicha sensación se reduzca o bien desaparezca al saber qué ocurrirá. A la inversa, el conocimiento anterior provoca que sea todavía más fuerte, puesto que en tales casos nos ocurre lo mismo que al cánido de Pavlov: que nos ponemos a salivar pues ya sabemos lo que se aproxima. Esencialmente, la canción nos ha amaestrado para sentir excitación en ciertos instantes.
A ello hay que agregar el carácter individual de la experiencia musical, que provoca que “nuestras propias experiencias autobiográficas interaccionen con el dispositivo musical”, tal como con el social: como explica Loui, recientes investigaciones han probado que cuanto más angosta sea la conexión entre las zonas del cerebro destinadas a lo sensible, lo social y lo auditivo, más usual es esta sensación.

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